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COLDEPORTES NACIONAL NECESITA UN DIRECTOR
DE LA CALIDAD CARLOS ORLANDO FERREIRA
Por ORLANDO RUSSO DÍAZ Patincolombia.com
A pocas horas de que el presidente
de la República de a conocer los nombres que restan para ocupar los cargos
más prestigiosos del gobierno nacional, entre ellos, quien ocupará durante
los próximos cuatro años la dirección del Instituto para la Juventud y el
Deporte, Coldeportes, el de Carlos Orlando Ferreira
Pinzón sigue sonando insistentemente a través de los medios de comunicación;
por los pasillos del Congreso y el del mismo Palacio de Nariño. Para quienes de cierta forma
ayudamos a construir su proyecto deportivo, desde cuando en 1993 aceptó la
presidencia de la Federación, reconocimos en su figura al dirigente moderno,
futurista, de acciones inteligentes, pero sobre todo, a una persona paciente,
con objetivos a largo plazo y portador de una “malicia indígena” que no tiene
comparación. Recuerdo inclusive estos primeros
años la operatividad de la Federación Colombiana de Patinaje: Una oficina con
trastes viejos, un gerente que a su vez era secretario y mensajero y un
banco, como el de Bogotá, sucursal Santa Teresita, cuya jefe de operaciones
sólo suspiraba al vernos llegar, claro, a solicitar un avance por cuatro
semanas. Pero peor aún, con eventos muy
distanciados y pocas oportunidades para que los nuestros se lucieron en los
grandes eventos. Muchas veces no reuníamos con Ferreira para diseñar las estrategias
que nos condujeran a no seguir pasando desapercibidos ante los mismos medios,
pero especialmente, ante los grande patrocinadores. Recuerdo igualmente las horas de
trabajo tratando de conseguir los recursos suficientes para el desplazamiento
de las selecciones de carreras, hockey y artístico hacia sus respectivos
campeonatos mundiales. Tal vez eso, el hecho de que los patinadores bajo su
presidencia nunca dejaron de asistir a un evento orbital, resultó ser la
clave del éxito que presenta el patinaje, especialmente porque a diferencia
de otras disciplinas, el nuestro le brindó las garantías a sus deportistas de
que sus esfuerzos se vieran siempre recompensados asegurándoles un sitial
dentro del pelotón internacional. Pero hablábamos de visionario, de
esa persona que supo entender que la dirigencia no puede seguir siendo
paternalista con el Estado y dependiente de el; y que igualmente comprendió,
y así o proyectó, que a la empresa privada no se le debía pedir más limosna y
que un producto deportivo iba más allá de un espíritu de mecenazgo, que la
verdad sea de paso, hace tiempo se extinguió. Para ello utilizó una estrategia que
al final lo consolidó en el mercado. Antes de su presidencia, Colombia había
organizado los Campeonatos Mundiales de Patinaje Artístico en Bogotá en 1980
y 1986; los Campeonatos Mundiales de Ruta en Bogotá y Bello, en 1984 y 1990 y
uno que otro evento internacional de talla suramericana. Dentro de su periodo, Colombia se
dio a la tarea de emprender la organización del Primer Campeonato
Panamericano de Barrancabermeja, que dos años más tarde se cristalizaría con
el montaje del Primer Campeonato Mundial de la categoría; los Campeonatos
Mundiales de patinaje Artístico de Girón (fue el estreno también de los
juveniles) en 1995; el Campeonato Mundial de Clubes de Bogotá en 1997; los
Campeonatos Mundiales de Patinaje Artístico de Bogotá en 1999; el Primer
Campeonato Mundial Juvenil de Hockey en línea de Cali en el 2000 y ese mismo
año, los Campeonatos Mundiales de Patinaje de Carreras en Barrancabermeja.
Sin ser menos importantes las ediciones de Como dirigente, y atendiendo
objetivos claros, concretos, factibles, ubicados en el tiempo y medibles, este santandereano fue llevando a la dirigencia
al mismo ritmo de sus patinadores. No hay cosa más descompensada que cuando
sus deportistas le llevan una luz a sus dirigentes. Pues bien, Ferreira
mantuvo ese equilibrio y muchas veces estuvo por encima gracias a su
persistencia. Lo que pasa también, es que cuando la dirigencia está un paso
delante de los deportistas, los resultados no tardan en llegar. Poco a poco, el patinaje colombiano
alcanzó un reconocimiento internacional por su aporte mundial a esta
disciplina. Bajo su visión, la categoría juvenil nació para el mundo, pero de
igual forma Colombia se sentó como el amo, dueño y señor de la modalidad de
carreras. Hoy por hoy, quienes llegan a unos Campeonatos Mundiales lo hacen
pensando en competir contra nuestros patinadores colombianos. Lo anterior desencadena entonces la intención
del editorial de esta semana: ¿Qué tanto gana el deporte nacional y qué tanto
pierde el patinaje de Colombia? Afortunadamente existe un legado y
equipo de trabajo que sigue convencido de las políticas trazadas hace una
década y que hoy nos tiene gritando de felicidad. El propio Rubén Darío
Delgado es uno de sus mosqueteros más cercanos, con quien el patinaje debe
sentirse tranquilo. Ahora bien, con Ferreira en el cargo más prestigioso del
deporte colombiano, tengan la absoluta seguridad que la cultura del músculo
será vista con otros ojos. Lo que nos negó la constitución del
91, con Ferreira Pinzón apasigüaremos más el golpe
que nos produjo el hecho de que el deporte no se hubiese convertido en un
derecho básico de los colombianos y que la recreación siguiera por delante
del deporte asociado. En caso de que el Presidente Uribe tuviese el tacto de
designarlo para tan prestigioso cargo, tengan la completa seguridad de que
Colombia se convertiría en un verdadero fortín; sería el epicentro de grandes
eventos internacionales y los planes, tanto de deportes como de cultura,
serían retroalimentados y diseccionados pero con visión. De la mano de Carlos Orlando
Ferreira, el deporte colombiano se convertiría en una verdadera empresa. De
eso estoy seguro. Ojalá de igual forma piense el presidente. De ser el nuevo director de Coldeportes nacional, Sería la segunda vez que un
presidente de la Federación Colombiana de Patinaje se desempeñaría como
director, pues el primero fue Luis Alfonso Muñoz en el periodo 1993-1994. .
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