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AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR

 

 

Por ORLANDO RUSSO DÍAZ

Patincolombia.com

 

Definitivamente cuando se toman decisiones, unos se sienten privilegiados y otros no tanto. Y no es que quiera entrar a defender la posición de la Federación Colombiana de Patinaje de dejar por fuera a los júnior del próximo Nacional Interligas que se disputará en Bucaramanga del 11 al 15 de abril. Ni tampoco que quiera sobarle la chaqueta al presidente de la rectora nacional, pues independientemente de que seamos amigos, las cosas se han dicho en el momento oportuno con consecuencias o no, pero se han dicho.

 

Al tener la oportunidad de hablar con el grupo de técnicos que se dio cita al pasado Nacional de Transición en Barrancabermeja, inclusive, atendiendo  los mismos intereses que pueda tener por el hecho de pertenecer a una de las ligas perjudicadas por la decisión (todos pudimos observar el potencial de Santander en el pasado Nacional de Transición), le queda a uno la pregunta de ¿qué tanto podrá estar equivocado Carlos Orlando Ferreira?, quien en últimas le recae toda la responsabilidad por la confirmación de la medida.

 

En otras ocasiones, sino siempre, le ha correspondido tomar decisiones difíciles que en su momento tuvieron las mismas reacciones. Recuerdo hoy por hoy, al final tuve que aceptar que me había equivocado, sobre  mi posición en torno a la no convocatoria de las grandes figuras del patinaje colombiano en el Mundial de Barquisimeto de 2003, postura que ratifiqué a través de las páginas de Vanguardia Liberal en mi condición de editor de deportes.

 

En esa oportunidad me mantuve al lado de los deportistas (Rosero, Botero, Betancur y Silvia Nathalia) enfatizando el hecho de las pocas posibilidades que teníamos de realizar una muy buena presentación ante la ausencia de los grandes. En ese momento me parecía terrible la decisión de no ser tan flexibles con quienes estaban en la élite del patinaje mundial corriendo el Circuito de Maratones ya como verdaderos profesionales.

 

Pero la decisión se mantuvo y sí, nos fue muy mal en territorio venezolano, pero se ganó en credibilidad, especialmente entre aquellos patinadores que sí habían cumplido con el proceso. Pedíamos que los sembráramos pero se persistió en la medida.

 

Lo que en un principio se tornaba como una actitud caprichosa de quienes tomaron esa decisión, al final la historia terminó dándoles la razón y por consiguiente la demostración de lo equivocado que pude haber estado. Entendí que no siempre el que denuncia tiene la razón  y que si lo hace es porque tiene sus propios intereses. 

En esta ocasión se vislumbra lo mismo: Una decisión que tiene sus bemoles, que la justifica la Federación pensando a futuro, de lo que significa para las nuevas generaciones de deportistas estar sometidos a unas presiones precoses cuando según la rectora nacional, hoy por hoy nos podemos dar el lujo de hacer respetar los procesos. Según la Federación, lo que se hizo con los júnior en el pasado fue producto del afianzamiento y de las propias necesidades que teníamos de echar mano de esa categoría para mejorar el rendimiento de los juveniles. A simple vista nos parece una decisión apresurada, pero ¿será acaso otra de las brillantes ideas de la persona que tuvo la visión de llevar al patinaje al presente que hoy todos gozamos?... Muchos ahora quieren “subirse al bus de la victoria” y desconocer la cabeza visible de todo este proyecto exitoso. Muy seguramente se ha equivocado y aprendió de sus errores, pero todo ese cúmulo de experiencias deben servir para algo, como por ejemplo, saber que le conviene a nuestro deporte y que podría surgir como una amenaza a futuro.